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El escrito sigue siendo tuyo: control de cambios para trabajar con IA

El Asistente redacta, pero cada ajuste llega marcado como control de cambios y nada entra al escrito hasta que lo aceptás.

Cuando la IA redacta, el riesgo no es solo que se equivoque: es que cambie el texto sin que lo notes. Por eso en Clausul el Asistente escribe el borrador, pero cada ajuste posterior llega como control de cambios, con lo eliminado tachado y lo agregado resaltado. Nada de eso entra al escrito hasta que lo aceptás. La firma sigue siendo tuya, y el texto también.

El riesgo no está en el primer borrador

El primer borrador se lee con atención. Es nuevo, se revisa entero y nadie lo firma sin pasarlo línea por línea. El riesgo aparece después, en la iteración.

Le pedís a un chatbot que ajuste el petitorio o que sume una cita, y te devuelve el escrito completo, reescrito. En algún lugar de esas páginas cambió un monto, desapareció una reserva, se suavizó un hecho o se corrió una fecha. Para encontrarlo tenés que comparar dos versiones a ojo, que es exactamente el trabajo que la herramienta te iba a ahorrar. Y en un escrito judicial una palabra de más o de menos no es un detalle de estilo.

Un texto reescrito no es lo mismo que un texto corregido. En el primero, el cambio se disuelve en el conjunto; en el segundo, se ve exactamente qué se tocó y qué quedó igual.

Cómo funciona en Clausul

El recorrido tiene cuatro pasos, y en todos la última palabra es tuya.

  1. Pedís el escrito. Le pedís al Asistente la demanda, la contestación o la carta documento, con las fuentes que elegiste y los documentos del caso adjuntos. El borrador se abre en el editor de Documentos, al lado de la conversación.
  2. Pedís ajustes. Seguís trabajando desde el chat: «sumá la doctrina de la SCBA sobre el art. 52 bis». El ajuste no reemplaza el documento en silencio: llega al editor marcado, bajo una barra de «Control de cambios» que te pide «Revisá las modificaciones antes de aceptar».
  3. Decidís. Lo eliminado aparece tachado y lo agregado, resaltado. Con «Aceptar cambios» el ajuste pasa a formar parte del escrito; con «Rechazar», el texto queda como estaba.
  4. Exportás. Cuando el escrito está listo, «Exportar» lo descarga en Word, como archivo .docx, para darle el formato del estudio, firmarlo y presentarlo.
Se le pide al Asistente que sume la doctrina de la Suprema Corte bonaerense sobre el art. 52 bis de la Ley 24.240. El cambio llega al editor marcado: lo eliminado, tachado; lo agregado, resaltado. Recién al aceptarlo pasa a formar parte del escrito.

Documentos no tiene una IA propia, y es a propósito

El editor de Documentos es eso: un editor. No tiene un segundo asistente escondido en la barra de herramientas. Todo el trabajo de inteligencia artificial pasa por el Asistente, con las mismas fuentes oficiales, los mismos archivos adjuntos y el mismo razonamiento a la vista que usás para investigar.

La separación tiene una razón práctica. Hay un lugar donde la IA propone y otro donde vos decidís:

  • Cada ajuste tiene un origen que podés rastrear: el pedido que hiciste en el chat, con lo que el Asistente leyó y buscó para resolverlo.
  • Los cambios que propone la IA pasan por el control de cambios antes de tocar el texto.
  • Lo que escribís vos en el editor es tuyo, como en cualquier procesador de texto.

Es la misma división de tareas que ya existe en un estudio cuando un colaborador trabaja sobre un escrito ajeno: marca sus cambios y el responsable los revisa. Nadie espera que el colaborador reescriba el documento sin decir qué tocó.

Control de cambios no es lo mismo que historial de versiones

Un historial de versiones te dice, después, que algo cambió. El control de cambios te lo muestra antes de que entre. La diferencia es el momento de la revisión: con el primero revisás lo que ya está en el texto; con el segundo decidís qué entra.

Para un abogado ese orden importa. Revisar antes de aceptar es barato: mirás una frase tachada y una resaltada. Revisar después, sobre un escrito que ya pasó por varias manos, obliga a rehacer la lectura completa.

Qué mirar antes de aceptar

El control de cambios te dice dónde mirar; lo que mirás sigue siendo criterio profesional. Algunas preguntas que conviene hacerse frente a cada ajuste:

  • ¿Cambió algún número? Montos, fechas, plazos, cantidades. Pensá en una demanda por despido donde pedís que se reordene la liquidación: el cambio de redacción está bien, pero los importes tienen que ser los mismos.
  • ¿Qué desapareció? Lo tachado merece tanta atención como lo agregado. Una reserva, una prueba ofrecida o un punto del petitorio pueden irse con una reformulación bienintencionada.
  • ¿Las citas nuevas existen y dicen eso? Si el ajuste suma jurisprudencia o normativa, verificala en su fuente oficial antes de aceptarla.
  • ¿El texto afirma algo que no surge del caso? En un contrato de locación, por ejemplo, una cláusula mejor redactada no puede incorporar condiciones que las partes no acordaron.

La decisión es sobre el ajuste completo. Si trae algo que sirve y algo que no, rechazalo y pedilo de nuevo, más acotado: «sumá solo la cita de la SCBA, sin tocar el párrafo anterior». Pedidos chicos producen cambios chicos, y los cambios chicos se revisan rápido.

El último paso es en Word

El escrito termina donde termina siempre: en un archivo que abrís, ajustás y firmás. «Exportar» genera un .docx con el escrito tal como quedó en el editor; el membrete, los márgenes, la firma y la presentación siguen su camino de siempre. Clausul no te pide que cambies esa parte del trabajo; se ocupa de que llegues a ella con un borrador fundado y con cada ajuste revisado.

La IA propone, vos decidís

Trabajar con inteligencia artificial no debería significar ceder el texto. En Clausul el Asistente investiga y redacta, Documentos te muestra cada ajuste antes de que entre y vos elegís qué queda. Como toda herramienta de IA puede equivocarse, y la aplicación lo advierte en pantalla: «Clausul AI puede cometer errores. Verificá la información importante». Por eso ningún cambio entra solo, y la firma, como siempre, es tuya.

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