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Secreto profesional e IA: qué preguntarle a una herramienta antes de subirle un caso
Subirle a una herramienta de inteligencia artificial la demanda, el contrato o los mensajes de un cliente es compartir un secreto ajeno: estas son las preguntas que conviene hacer antes, y las respuestas que deberías esperar.
Antes de subir material de un cliente a una herramienta de inteligencia artificial, hacele seis preguntas: dónde queda guardado, si está cifrado y quién tiene la clave, cómo se separan tus datos de los de otros usuarios, si sus proveedores retienen lo que procesan, cómo cerrás una sesión que perdiste y quién ve lo que compartís. El deber de secreto no cambia porque cambie la herramienta.
La pregunta ya no es si usar inteligencia artificial en el estudio, sino en qué condiciones. Y esas condiciones se pueden verificar antes de subir el primer archivo, por escrito.
Un deber que no se terceriza
El secreto profesional no es una cortesía con el cliente. El art. 156 del Código Penal castiga a quien, teniendo noticia de un secreto por razón de su profesión, lo revela sin justa causa cuando su divulgación puede causar daño. En la Ciudad de Buenos Aires, la Ley 23.187 lo pone entre los deberes específicos del abogado, «observar con fidelidad el secreto profesional, salvo autorización fehaciente del interesado» (art. 6, inc. f), y también entre sus derechos (art. 7, inc. c). Cada provincia regula el ejercicio de la profesión en su propia ley.
A eso se suma la protección de datos personales. Un expediente casi nunca está libre de ellos: nombres, documentos, domicilios, sueldos en un despido, historias clínicas en un reclamo por daños. La Ley 25.326 exige a quien trata esos datos adoptar las medidas técnicas y organizativas necesarias para garantizar su seguridad y confidencialidad (art. 9), y obliga al secreto a todas las personas que intervienen en cualquier fase del tratamiento (art. 10). Y cuando el tratamiento lo presta un tercero por cuenta de otro, los datos no pueden usarse con un fin distinto al del contrato ni cederse a otras personas, «ni aun para su conservación» (art. 25).
Nada de esto prohíbe usar tecnología. Pero deja algo claro: la herramienta la elegís vos, y el deber sigue siendo tuyo.
Delegar una tarea no es lo mismo que delegar el deber de secreto.
Seis preguntas antes de subir un caso
1. ¿Dónde queda guardado lo que subo?
Una herramienta de IA guarda más de lo que parece: las conversaciones, los archivos adjuntos, los documentos que usás como referencia y, a veces, versiones procesadas de todo eso. Preguntá qué se almacena, de qué forma y durante cuánto tiempo. Si la respuesta es vaga, eso también es una respuesta.
2. ¿Está cifrado? ¿Y quién tiene la clave?
«Cifrado» puede querer decir muchas cosas. Que la conexión use HTTPS protege los datos mientras viajan, no mientras están guardados. Lo que importa es si el contenido se guarda cifrado y dónde vive la clave que lo descifra: si está en la misma base que los datos, quien acceda a la base accede a todo.
3. ¿Cómo se separan mis datos de los de otros usuarios?
El software en la nube es compartido: tus consultas conviven en la misma infraestructura que las de otros estudios, y alguno puede ser el de tu contraparte. Preguntá cómo se aplica la separación. No es lo mismo un filtro en el código de la aplicación, que puede fallar por un error de programación, que una regla que aplica la propia base de datos y que le impide devolver registros ajenos.
4. ¿Los proveedores retienen lo que procesan?
Detrás de casi cualquier herramienta de IA hay otros proveedores: el que genera las respuestas, el que indexa los documentos para poder buscar en ellos, el que los almacena. Preguntá cuáles intervienen y si conservan lo que procesan. Y leé la letra: «no entrenamos modelos con tus datos» y «no retenemos tus datos» son dos compromisos distintos. Conviene saber cuál te ofrecen, y sobre qué parte del servicio.
5. ¿Puedo cerrar una sesión que perdí?
La práctica pasa por el teléfono, por la notebook que viaja a tribunales y por la computadora compartida del estudio. Un dispositivo perdido con la sesión abierta es un expediente abierto. Preguntá si podés cerrar la sesión en todos tus dispositivos desde tu propia cuenta, sin depender de soporte.
6. ¿Quién ve lo que comparto?
Las funciones de equipo son útiles, desde una biblioteca de modelos común hasta un borrador que revisan dos socios. También son el lugar donde un descuido expone más de lo previsto. Preguntá qué ve cada miembro del equipo, qué queda fuera de lo compartido y quién decide qué se comparte.
Señales de alerta
Algunas respuestas deberían encenderte una luz amarilla:
- Adjetivos en lugar de mecanismos: «seguridad de nivel bancario», «protección total», «tus datos están seguros».
- Términos que autorizan a usar tu contenido para «mejorar el servicio» sin decir cómo, ni con quién.
- Garantías que se enuncian para todo el producto cuando en realidad cubren una sola parte.
- Nadie del otro lado que pueda contestar por escrito el cuestionario de seguridad de tu estudio.
Lo que contesta Clausul
A Clausul le aplicamos la misma vara. Esto es lo que está implementado hoy, pregunta por pregunta:
- Guardado y cifrado. Las conversaciones con el Asistente se guardan cifradas con AES-256-GCM, y la clave que las descifra vive fuera de la base de datos.
- Separación entre usuarios. La base aplica seguridad a nivel de fila en todas sus tablas: cada registro queda asociado a su usuario, y la regla que decide quién lo ve vive en la propia base, no solo en el código.
- Proveedores. Los archivos de tu biblioteca se indexan con proveedores de cero retención de datos. La garantía se refiere a esa indexación, y la decimos así, sin extenderla al resto.
- Sesiones. Desde tu cuenta podés cerrar la sesión en todos los dispositivos con un clic; en unos minutos quedan todas cerradas.
- Lo compartido. Lo que compartís en un Espacio de Trabajo, sea una biblioteca, una tabla o un documento, lo ven los miembros de ese espacio. Lo que no compartís queda en tu cuenta.
Lo que no afirmamos también cuenta: no declaramos certificaciones de terceros. Si alguna es un requisito para tu estudio, o si tenés un cuestionario de seguridad propio, mandalo a contacto@clausul.com.ar y lo revisamos con tu equipo, punto por punto.
La lista, en limpio
- ¿Qué se guarda, de qué forma y durante cuánto tiempo?
- ¿Se guarda cifrado, y dónde vive la clave?
- ¿La separación entre usuarios la aplica la propia base de datos?
- ¿Qué proveedores procesan mis documentos, y conservan algo?
- ¿Puedo cerrar la sesión en todos mis dispositivos desde mi cuenta?
- ¿Quién ve lo que comparto con mi equipo, y quién lo decide?
Ninguna de estas preguntas exige saber de sistemas. Exigen lo mismo que cualquier diligencia profesional: preguntar por escrito, leer la respuesta y guardar constancia. El detalle de cada garantía de Clausul está en la página de seguridad.
Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento jurídico. La Ley 23.187 rige el ejercicio de la abogacía en la Ciudad de Buenos Aires; si ejercés en otra jurisdicción, revisá la ley de ejercicio profesional que corresponda.